Resumen
Los tardígrados pueden secarse durante años y revivir cuando vuelve el agua. Vacío, radiación y frío extremo cerca de -200°C no detienen a algunos.
Cuando se vieron por primera vez al microscopio, su forma rechoncha y lenta parecía simpática. La verdadera sorpresa llegó cuando los experimentos mostraron lo difícil que es matarlos.
Ante el peligro, los tardígrados pierden casi toda el agua del cuerpo y entran en un estado encogido llamado "tun". Su metabolismo cae a niveles muy bajos, lo que ayuda a soportar congelación, sequía y poco oxígeno.
Algunas especies tienen proteínas protectoras y sistemas de reparación que reducen el daño en el ADN. Eso puede amortiguar el efecto de la radiación que normalmente destroza células.
Su resistencia inspira estudios de biología espacial y conservación a largo plazo. Al estirar los límites de la vida, vuelven más fascinante la pregunta de dónde termina lo vivo.