Resumen
Cuando un video termina y otro empieza al instante, “cinco minutos” se vuelve una hora. Sin línea de meta, al cerebro le cuesta parar. El scroll infinito quita frenos naturales.
A veces tomas el móvil y de pronto es de noche. La atención entra en un bucle alimentado por pequeñas recompensas.
El scroll infinito retrasa el “ya terminé”. Sin señal de final, el cerebro quiere probar la siguiente mini sorpresa.
Una estrategia sorprendente es poner metas artificiales: temporizador, número fijo de videos o regla de “uno más y listo”. Si el final se ve, parar cuesta menos.
No es culpar a la tecnología: es conocer la lógica del cerebro. Si diseñas el bucle, el tiempo vuelve a ti.