Resumen
Si un halago te ruboriza o te hace bajar la mirada, no es raro. El cerebro ve la visibilidad como premio y riesgo: junto a “me quieren” aparece “me evalúan”.
Un halago pone el foco social sobre ti. A veces calienta; otras tensa con “¿y si no cumplo?”
La vergüenza regula: intenta manejar demasiada visibilidad. Incluso sonrojarse puede ser una señal social de “me doy cuenta”.
Detalle curioso: rechazar elogios suele ser menos humildad y más bajar la tensión. Aceptar puede subir el foco.
Una salida simple: un “gracias” breve. Fortalece el vínculo y apaga el foco con elegancia.