Resumen
Después de que pasa algo, decir “era obvio” es fácil. Al saber el resultado, el cerebro reordena señales pasadas y borra la incertidumbre. El desenlace pinta el pasado.
Tras un partido dices “ese pase era obvio”. Pero durante el juego, el momento es mucho más incierto.
El cerebro ama el sentido y une pistas sueltas en una historia. Con el resultado, la historia se ve más limpia.
Detalle: esto puede inflar el arrepentimiento. Opciones pasadas parecen “más claras” y te juzgas más.
La salida es no castigar el pasado con ojos de hoy: recuerda qué sabías y qué condiciones había. Ayuda a aprender y a ser más amable contigo.